Los niños, aun cuando no comprendan por completo una situación, suelen captar los cambios emocionales y relacionales de su entorno. Cuando lo que viven no encuentra palabras claras en los adultos, el malestar no desaparece: se desplaza, se confunde y, con frecuencia, se expresa de otras formas.
Los bebés que recibían cariños aumentaban de peso más rápido además de tener en su maravilloso rostro una linda expresión, al tiempo y en una junta de trabajo semanal lo comentaron y llegaron a la conclusión que los niños que progresaban eran acariciados se les sonreía y jugaban con ellos unos SEGUNDOS y eso era suficiente para los cambios tan positivos.
Desde la neuropsicología sabemos que, cuando una función se pierde de forma repentina, no basta con entender el diagnóstico. También hay que elaborar un duelo. La persona debe aceptar que ya no puede hacer del mismo modo actividades que antes resolvía sin pensar, que su cuerpo le exige nuevas rutas de acción y que su vida cotidiana ya no responde a las claves de antes.
A veces se piensa que hablar de la muerte con un niño es demasiado fuerte, como si ponerla en palabras le arrebatara de golpe algo de su inocencia. Pero cuando el tema ya está presente —por la muerte de un familiar, de una mascota, por una enfermedad o por las preguntas que el propio niño empieza a hacer—, el silencio nunca le protege. Muchas veces deja vacíos que el niño llena como puede.
Los niños con necesidades especiales pueden enfrentar diversos desafíos relacionados con la movilidad, la comunicación, el aprendizaje o el comportamiento, razón por la cual los programas deportivos adaptados buscan ajustar las actividades a las capacidades y características de cada persona para que todos puedan disfrutar de la actividad física sin sentirse excluidos.
Históricamente, los criterios diagnósticos del TEA se desarrollaron a partir de estudios realizados principalmente con varones, lo que ha generado sesgos importantes en la identificación de niñas y mujeres autistas. Hoy se reconoce que muchas mujeres presentan perfiles clínicos menos evidentes, especialmente en el ámbito de la comunicación social, lo que dificulta su detección temprana.
La infancia no debería vivirse como una preparación acelerada para la vida adulta. Tiene valor en sí misma, con tiempos, necesidades y formas de aprender propias. Cuando un niño juega, no solo se entretiene. Desarrolla lenguaje, pensamiento, imaginación, atención, memoria, habilidades sociales y capacidad para resolver problemas.
Los problemas visuales en escolares son frecuentes y su impacto en el aprendizaje puede ser importante. La visión participa de forma directa en tareas como la lectura, la escritura, la copia del pizarrón, el seguimiento de instrucciones escritas y el trabajo dentro del aula. Por eso, una alteración visual no detectada puede interferir con el desempeño escolar.
El cuidado de pacientescon Alzheimer es un desafío continuo que puede generar una carga emocional, física y psicológica significativa en los cuidadores. Por ello, implementar estrategias de autocuidado es esencial para garantizar el bienestar de quienes asumenesta responsabilidad.
Hablar, intervenir o pedir ayuda no depende solo de reconocer que algo no debió hacerse. También exige regular emociones intensas, resistir la presión del grupo, organizar lo que se piensa y tolerar la posibilidad de incomodar a alguien cercano, perder una amistad o meterse en problemas.