Desde la infancia, el asombro nos permite explorar, aprender y entender el mundo que nos rodea. Nos ayuda a desarrollar nuestra curiosidad, creatividad y motivación constituyendo así las bases para el desarrollo cognitivo y emocional.
Seguramente has escuchado hablar mucho del deseo como condición casi imprescindible para aprender, deseo de saber, deseo de conocer.
Pero ¿se puede desear algo que ya se tiene? Definitivamente no. Recién cuando somos capaces de reconocer que nos falta algo aparece la capacidad de desear, y eso que no sé o que no tengo es motivo de deseo, una vez alcanzado, el objetivo cambia y así se renueva esta cadena.
Cuando un niño o adolescente estudian para complacer a sus padres están identificándose con el pedido de sus padres y no con su deseo de saber. Para que esto no ocurra será necesario que en esa familia haya sido valorado el saber, el querer saber, que haya una comunicación clara, donde el aprendizaje tenga un lugar valioso y donde el pensar y las preguntas también tengan un espacio importante en la familia.
"Aprender supone curiosidad, para lo que, además de mostrar, algo necesita estar guardado" dice Alicia Fernández.
Serán entonces necesarios el asombro y la curiosidad para llegar al deseo, despertar la curiosidad, el asombro; en los niños, niñas y adolescentes es el secreto en el proceso de aprendizaje y desarrollo humano.
Desde la infancia, el asombro nos permite explorar, aprender y entender el mundo que nos rodea. Nos ayuda a desarrollar nuestra curiosidad, creatividad y motivación constituyendo así las bases para el desarrollo cognitivo y emocional. A partir de los 3 años el movimiento del cuerpo y la exploración dan la posibilidad de conocer el mundo más allá de las primeras figuras de crianza y descubrir todo lo que puede hacer permite al niño conectar con la creatividad y el asombro. Todas estas experiencias de asombro, de curiosidad desarrollan la capacidad de aprender a partir de lo que sabemos. Allí comienzan las bases para muchos aprendizajes posteriores.
Entonces, ¿cómo podemos fomentar el asombro en los niños y en nosotros mismos?
Todo aquello que invita a descubrir ya es para el niño motivador, dice Chesterton, “cuando muy niños, no necesitamos cuentos de hadas, sino simplemente cuentos. La vida es de por sí bastante interesante. A un niño de siete años puede emocionar que Perico, al abrir la puerta, se encuentre con un dragón; pero a un niño de tres años le emociona ya bastante que Perico abra la puerta.”
¿Sólo en la infancia?
El asombro no solo es importante en la infancia también es esencial en la adolescencia y la vida adulta. De hecho, Aristóteles consideraba que el asombro es la respuesta natural del ser humano ante la experiencia de algo que no se entiende o que parece inexplicable. Es cierto que será menos frecuente que en la infancia, pero el hecho de asombrarse favorece el pensamiento crítico, la resolución de problemas y abre al mundo de la creatividad. De esta manera siendo adultos nos motivará para investigar, aprender continuamente, cuestionar, buscar nuevas experiencias para el crecimiento personal.
Algunas estrategias para que en la adolescencia y la adultez no desaparezca el asombro:
En definitiva, el asombro es una emoción que puede transformar nuestra forma de ver el mundo, de apreciar la simpleza de lo cotidiano y las maravillas de la naturaleza. Y si hay asombro sin duda seguirá habiendo deseo por conocer.
Referencias