Santi tiene la dulzura e inocencia de todo niño. La espontaneidad que vamos perdiendo a medida que vamos creciendo. Es un nene activo, brillante. Sabe lo que quiere y en qué momento.
Pasamos juntos muchas horas compartiendo con su familia, sus mascotas, sus amigos. Queríamos conocerlo más, respetar sus tiempos y sus deseos. Santi hacía sus tareas con un poquito más de dificultad que sus compañeritos. Le costaba leer y escribir y todo le insumía más energía.
Este pequeño gigante, nos dice que aún frente a cualquier adversidad con la que debamos convivir, no hay que bajar los brazos.
Terminaba agotado y muchas veces debía padecer las burlas de otros nenes que tampoco, como él, entendían qué pasaba. Se enojaba y se frustraba. Estaba triste. Mariana, su mamá, recorrió varios especialistas hasta que finalmente le diagnosticaron dislexia. Y Santi aún con esa cabecita de niño, pudo entender y soñar. Quiso escribir.
Es así como empezó a dictar a Mariana lo que iba sintiendo para que lo anotara en un cuaderno que se transformó en un libro: "Mi dislexia y yo". Y ese libro, transformó los días de Santi. Pudo hacer suya esa dificultad aceptarla y amigarse un poco con ella.
Es un nene activo, brillante. Sabe lo que quiere y en qué momento.
Este pequeño gigante, nos dice que aún frente a cualquier adversidad con la que debamos convivir, no hay que bajar los brazos. Al contrario. Santi los levanta bien alto. Para poder volar, lograr sus sueños y llegar donde se lo proponga.
¡Abrazote Santi! Abrazo a Nico tu dulce hermanito y a Fede a quien también me gustaría conocer.
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3/02/2016